Salmo 9
El Salmo 9 es una alabanza de David al Eterno por Sus obras de justicia y protección. Comienza agradeciendo al Eterno por derrotar a sus enemigos y mantener su trono como juez justo. David reconoce que el Eterno defiende a los oprimidos y es refugio en tiempos de angustia. También resalta que los malvados, al olvidar al Eterno, perecen en sus propios planes, mientras que los justos encuentran seguridad en Él. David clama por el juicio del Eterno sobre las naciones que han cometido iniquidad, reafirmando la esperanza en Su misericordia y justicia para los humildes y afligidos.
1 Para el Director del Coro, a raíz de la muerte de Labén, un Salmo por David:
2 He de ofrecer alabanza al Eterno con todo mi corazón; he de relatar todas Tus maravillas.
3 He de alegrarme y regocijarme en Ti, he de cantar alabanza a Tu Nombre, Altísimo.
4 Cuando mis enemigos retrocedan, tropezarán y perecerán delante de Ti.
5 En verdad, Tú has emitido mi juicio y defendido mi causa; Tú estuviste sentado sobre el trono del juicio, Juez de justicia.
6 Tú has destruido naciones, eliminado malvados, haz borrado su nombre por toda la eternidad. Enemigo, tus lugares desolados quedarán en ruinas para siempre;
7 las ciudades que fueron destruidas a causa de tu iniquidad, su recuerdo mismo queda borrado.
8 Mas el Eterno está entronizado para siempre, El ha establecido Su trono para juicio.
9 Y El ha de juzgar al mundo con justicia; El juzgará a las naciones con rectitud.
10 El Eterno será un baluarte para los oprimidos, un bastión en momentos de aflicción.
11 Aquellos que conocen Tu Nombre depositan su confianza en Ti, pues Tú, Eterno, no abandonas a aquellos que Te buscan.
12 Entonad alabanzas al Eterno que mora en Tzión, relatad Sus actos entre las naciones.
13 Pues el Vengador del derramamiento de sangre los recuerda; El no olvida el clamor de los humildes.
14 Sé gracioso conmigo, Eterno; mira mi aflicción causada por mis enemigos, Tú que me alzas de los portales de la muerte,
15 para que pueda relatar todas Tus alabanzas en los portales de la hija de Tzión, para que pueda regocijarme en Tu salvación.
16 Las naciones se han hundido en el foso que han cavado; su pie quedó apresado en la misma trampa que ellos han escondido.
17 EL Eterno Se hizo conocer en el juicio que El ejecutó; por la obra de sus propias manos quedó atrapado el malvado; reflexionad sobre esto por siempre.
18 Los malvados retornarán al sheól; todas las naciones que olvidan a Dios.
19 Pues no por siempre el menesteroso será olvidado, ni para siempre se perderá la esperanza del pobre.
20 Levántate, Eterno, no permitas que el hombre malvado prevalezca; haz que las naciones sean juzgadas en Tu presencia.
21 Impón Tu supremacía sobre ellas, Eterno; que las naciones sepan que son, en verdad, frágiles seres.
